Hablar por los codos

¿Cuál es el objetivo de todo profesor de idiomas? Pues está claro, que los alumnos hablen, que comuniquen. ¿De qué sirve saber mucho vocabulario o reglas de gramática si luego no lo pones en práctica? Aquí comparto algunas estrategias para que los estudiantes superen la vergüenza y se expresen en clase de español desde el minuto cero. 

Calma

Lo primero que tenemos que hacer para que el alumno se sienta cómodo es crear un ambiente relajado. Si ponemos al estudiante en el centro de la clase con todo el mundo mirando y el profesor analizando cada sonido que emite, obviamente el estudiante va a sentirse cohibido, cualquiera lo haría, por eso debemos ver el aula como un lugar donde estar tranquilo, sin sentir presión y al profesor como alguien cercano que nunca te juzgará. 

El espacio: Aunque a veces no esté en nuestras manos, intentemos que el espacio nos transmita tranquilidad, con luz natural, una disposición de las mesas adecuado, sin mucho espacio entre los estudiantes, es decir, que estén cerca unos de otros y con estimulación alrededor (libros, pósters, materiales…)

El profesor: La empatía es una de las claves más importantes porque si el profesor no entiende como se siente el alumno, nunca habrá conexión. Yo personalmente les cuento a mis alumnos mis propias experiencias aprendiendo idiomas, mis meteduras de pata, mis dificultades y logros, y con eso se sienten mucho más cómodos y sin miedo a equivocarse. Por otro lado, es importante respetar todo tipo de creencia y opinión (siempre y cuando no sea algo ofensivo o inapropiado), de modo que el alumno vea que puede ser él mismo. Y por último, el humor, y con esto no quiero decir que el profesor debe ser un cómico ni nada parecido, pero intentando sacar una sonrisa al alumno y creando momentos divertidos hará que la sensación de bienestar sea mucho mayor.

División

Imagina que vas a contar una historia a un grupo de personas y tienes dos opciones: contarlo a cuatro o cinco de tus mejores amigos o contarlo frente a veinte personas de tu trabajo con las que no tienes mucha confianza, ¿qué prefieres? obviamente, cualquiera elegiría a sus amigos. Lo mismo pasa en la clase, el alumno se sentirá mejor en grupos reducidos y con las personas que más afinidad tenga. Entonces, ¿no es buena idea hacer actividades orales en grupos grandes? no, no quiero decir eso, sí que es buena idea, pero hagámoslo por partes. Por ejemplo, si queremos hacer un debate con todo el grupo, los alumnos pueden primero hablarlo en parejas, después podemos juntarlos con los que sean de la misma opinión y por último hacer el debate con todos.  O si vamos a hacer un roleplay o juego de rol, lo pueden hacer en pequeños grupos de tres o cuatro personas y por último un equipo voluntario lo puede interpretar frente a los demás. Divide y vencerás.

Preparación

Tienes diez segundos para contestarme a esta pregunta: ¿cómo comenzó la crisis económica española de 2008? … es normal quedarse en blanco y no saber qué decir o por donde empezar, igual que le pasó a una aspirante a Miss España allá por el año 2001 cuando le preguntaron sobre Rusia… https://www.youtube.com/watch?v=CgwiIVmKiWk (tierra trágame). Pues imagina la misma situación en otro idioma. Cuando hacemos actividades orales siempre es aconsejable dar tiempo de preparación o de reflexión y que el estudiante sea capaz de ordenar las ideas en su cabeza, e incluso si se trata de un tema complejo o nuevo, demos un ejemplo de lo que diríamos nosotros para poder inspirar.

Variación

Hoy en día hay multitud de recursos para las clases de idiomas al alcance de la mano, ¿por qué no usarlos?. Si siempre repetimos el mismo tipo de actividades, probablemente el estudiante no muestre tanta motivación, sin embargo, si innovamos y variamos la forma de trabajar el contenido, habrá mucho más interés y participación. Algunos de mis alumnos han estado asistiendo a mis clases durante años y me encanta llevar materiales diferentes y actividades originales cada semana, competiciones, juegos de mesa, cartas, enigmas, juegos de rol, debates… vamos, de todo un poco. Y si algo tengo claro es que los estudiantes lo agradecen, lo disfrutan y además ¡aprenden mucho más! ¿qué más puedo pedir?. Esta es una pincelada de las ideas que mejor resultado han dado:

  • El mentiroso. Un juego con distintas versiones pero que yo normalmente uso para practicar los diferentes pasados. Cada alumno tiene que contar una historia concreta, por ejemplo ‘un viaje inolvidable’ o ‘el peor regalo que he recibido’ y el resto debe votar si se trata de una historia real o ficticia. Los que aciertan se llevan un punto y los que fallan dan su punto al que ha contado la historia. Además de reírme mucho con las historias de cada uno (y las mías propias), me he llevado muchas sorpresas con este juego, viendo que a veces los más tímidos son los más mentirosos.
  • El enigma. En una de mis clases de español intermedio estábamos trabajando con las expresiones de probabilidad (seguramente, quizás, probablemente, es posible que…) y al principio de la clase escribí en la pizarra el siguiente enigma: Romeo y Julieta están tirados en el suelo de una habitación… Hay agua, cristales rotos y una ventana abierta…¿Cómo han muerto Romeo y Julieta?. Les dije que entre todos tenían que hallar la solución, obviamente hablando en español. La verdad es que funcionó genial, estuvimos una media hora hablando de las distintas posibilidades, todos los alumnos participaron activamente y lo más importante, se olvidaron del miedo a equivocarse y simplemente transmitieron sus ideas. Esta fue una de esas actividades de introducción que piensas que durará cinco minutos y al final se convierte en una clase en sí misma.
  • Personajes curiosos. Cada alumno tiene que representar a un personaje y contestar a varias preguntas sobre su vida como el tipo de ropa que llevan, los objetos que son importantes para ellos o su rutina. Al final, todos deben adivinar el personaje del resto, que puede ser un mago, un cantante de ópera, el presidente del gobierno, un chef famoso, un reportero de guerra, un jugador de póker… Funciona muy bien porque todos son muy diferentes entre sí y eso les desconcierta mucho, lo que hace que tengan que formular todo tipo de preguntas y dar muchas explicaciones. Aquí está una de mis versiones: personajes curiosos

Corrección

Por último, no debemos olvidar que estamos en una clase de español y por tanto, queremos que nuestros alumnos hablen, pero que lo hagan bien, lo que implica que tengamos que corregir sus errores y darles las herramientas para mejorar. Personalmente, no soy partidaria de interrumpir a la persona que está hablando cada vez que diga algo incorrecto, especialmente si se trata de estudiantes con poca seguridad. Hay diferentes maneras de corregir discretamente, una de las que más uso en mis clases es la de escribir en un papel los fallos que más se repitan y al final de la actividad que estemos realizando, ponerlos en común con toda la clase, sin señalar a nadie, de este modo todos aprenden y nadie se siente avergonzado o en el punto de mira.

¿Y vosotros? ¿qué truquitos usáis en clase para que la gente se anime a hablar? ¿tenéis alumnos participativos? Me encantaría leer vuestras experiencias 🙂

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *